lunes, 7 de noviembre de 2022

DANTE CASTRO, NARRADOR HETERÓCLITO (Por WINSTON ORRILLO)

                                                              “una chica tan sencilla como un remo de piragua”     (D.C.)






 
Lo que sucede es que Dante Castro usa su reconocida narrativa, para abordar temas distintos, en los que predomina el combate popular y/o la intriga con matices eróticos y con próvido humor.

Verbi gratia, en el presente volumen da vueltas por el Perú entero, desde la Capital, hasta meandros de la selva, que él conoce muy bien.

Y su lenguaje literario ha madurado mucho, si lo hallamos en las siguientes citas: “su sueño era espeso como saliva de serpiente. El resplandor de sus ojos abiertos tallaba las piedras encendidas del cielo…” “Amanecía lentamente, como si a la noche le pesara largarse.” “.te advirtieron de las serpientes, de las caídas y de la soledad que podía ser tan mortal como el peor de los venenos…” “esa herida cubierta de vegetación secundaria…” “en abril rodean Huanta, la esmeralda de los Andes Jéssica tenía dos esmeraldas bajo sus párpados”. "Debió ser al revés. pero las locuras de amor pisotean con sus cascos herrados a la razón.”

Dante Castro Arrasco (Callao, 1959,  ha estudiado Derecho en La Católica y Literatura y Educación en San Marcos; ejerce como periodista y docente, y entre los numerosos premios nacionales e internacionales,  obtuvo el codiciado Casa de las Américas, en 1992.

Es un buido militante y luchador por las irreversibles y urgentes transformaciones sociales.

El libro que ahora tenemos entre manos,  “La sombra de la calavera”, es una suerte de resumen de las temáticas antes abordadas por su pluma: hay intriga, amor a raudales, luchas sociales y, sobre todo, un desenvolvimiento maestro de la narrativa, fruto de su impertérrita madurez.

Los textos son plurales: amor, misterio, aventuras selváticas y ese penetrar, tan suyo, en el universo de la lucha social y la lujuria, no exenta de un manejo de la poesía y del lenguaje que nos demuestra que Dante no se establece en ninguno de sus logros, sino que siempre persigue, como todo creador auténtico, tanto el mejoramiento de su expresión, como el hecho de que su mirada, zahorí, permanentemente nos conduzca a un más allá que, es seguro, hallaremos en los textos que, ahora mismo, se halla pergeñando.

                                                                               FIN


 

 

 

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